El dolor ajeno no duele, pero se puede llegar a sentir como propio.
El dolor puede ser tan placentero pero a la ves tan doloroso, tan perceptible pero impalpable, tan sonoro pero tan silencioso.
Existe quienes lo exterioriza mejor que otros.
Hay quienes lo llevamos para que otros no sufran.
Pero nos acostumbramos a llevarlo sin luego saber como desvestirnos de él, como quitarlo de encima.
No encuentro como respirar, como hablar, como expresar, es más profundo que un dolor, es más imperceptible, no consigo quién me ayude, no consigo como sosegarle, no quiero nombrarlo, pero... Ya no puedo más.
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